
5, 10, 20 minutos de espera, no han sido suficientes para lograr ingresar a la oruga bicolor que todos los días me conduce hacia mi destino. Son las 15:40 de la tarde y me encuentro en Pedro de Valdivia con 11 de Septiembre para realizar un trasbordo al que no estoy acostumbrada y que dicho sea de paso, no me causa mucha gracia.
Al bajar de la primera micro y tras caminar unos pasos, pude divisar a lo lejos lo que me esperaba... . Un paradero que a penas se veía, estaba invadido por unas 60 personas impacientes por subirse la 103-E. Lo primero que pensé fue tomar inmediatamente un taxi, pero decidí que tal vez sería mejor darle un poco de crédito al Transantiago.
Los relojes eran observados frecuentemente, pero nada impedía el paso del tiempo. Las caras de preocupación y cansancio se manifestaban en la mayoría de los que ahí esperaban, aún así, ocurría algo bastante contradictorio: nadie alegaba. A pesar de que la molestia era evidente, permanecían callados y resignados frente al nuevo sistema de transporte.
A algunos no les quedaba otra solución que gastar más dinero y tomar un colectivo o taxi para no llegar atrasados. Pero mientras unos sufren, otros sacan provecho de esta situación y es así como cientos de "kioskos móviles" se instalan en donde con seguridad encontrarán gran cantidad de posibles clientes: los paraderos del Transantiago.
Ya son las 16:12 y por fin se acerca la 103 -E. Es en este momento cuando comienza a aflorar el chileno que llevamos dentro: no se respeta el orden de llegada, comienzan los codazos, manoseos, los insultos al chofer y unos cuantos aprovechan el tumulto para no pasar sus ¡BIP! por los validadores. Las señoras sueltan sus lenguas y lanzan una serie de comentarios a cualquiera que se encuentre a su lado: "¡pobre ministro!.... sabía lo que venía", "el sistema de la tarjeta es bueno porque así ya no andamos más con monedas y los robos disminuyen", "estamos más tensos", "imagínese lo que pasará en el invierno". Son muchas las opiniones en cuanto a este tema, pero si en algo están de acuerdo la mayoría de los chilenos, es en el fracaso del plan más ambicioso de los últimos tiempos.