miércoles, 18 de abril de 2007

Remeciendo conciencias



Decepción es el sentimiento que embarga mi ser, al caer en cuenta de lo cruda que se torna la vida para un profesional del mundo actual. Ya no basta con la dedicación, esfuerzo y buenas intenciones; todo eso se reduce a la nada, si es que no ostentas reconocimiento social, dinero y menos si careces los codiciados “pitutos”.

Pasar por la vida como una oveja más del rebaño es la suerte de muchos, pero curiosamente las destacadas son aquellas que lucen un mejor pelaje. Con esto no quiero afirmar que solo las distinguidas sobresalen, ya que como decía mi tía: “aunque la mona se vista de seda, mona queda”

Mentes curiosas y llenas de ingenio se las lleva el viento sin piedad y otras flojas y vacías llegan a la gloria por el solo hecho de ser tal. Esto ocurre en todos los ámbitos de la vida, pero me centraré en el mundo de las letras.

Sentada frente a mi computador me enteré de que una periodista chilena-norteamericana, Andrea Elliott, ganó el premio Pulitzer en Estados Unidos. Los escasos párrafos que leí sobre su vida, reafirmaron mi teoría. Con ello, podría asegurar que gracias a su nivel económico, influencias, belleza y sobretodo a trabajar en un medio internacional, goza hoy de este premio y como si fuera poco, de una considerable suma de dinero.

No quiero sonar resentida, ni quitarle méritos a alguien que quizás sí los tenga; solo intento remecer las conciencias que no ven más allá de sus ojos o que simplemente no se inmutan ante las injusticias de la sociedad.


miércoles, 11 de abril de 2007

Inesperadamente genio


La incomprensión de su entorno, acompañó siempre a Robert Holmes. Nunca supo lo que quería, no se satisfacía con nada y sus padres lo recriminaban constantemente por vivir encerrado en su propio mundo. Tampoco fue un alumno destacado durante sus años de escuela, pero si hay algo claro en la vida de este hombre, es que no quería vivir la rutina de la vida norteamericana para siempre. Esto último, fue la clave para descubrir el rumbo de su vida.

El 15 de febrero de 1970 partió rumbo a Francia, sin saber una gota de francés. Se vio obligado a aprender el idioma para poder subsistir económicamente y trabajó como mesero, obrero de la construcción y guardia de seguridad. De los estudios, aún no se hablaba…

Dos meses más tarde ingresó a un curso de francés y conoció a quien sería su “iluminador”; su gran amigo Jin Wu. Este taiwanés era un recién egresado estudiante de turismo que en ese entonces realizaba un magíster en la Universidad de París.

Robert jamás imaginó entablar una relación de amistad con un oriental, es más, siempre se burló de sus apariencias y costumbres, pero el destino hizo que cambiara radicalmente de opinión.

A ambos les desagradaba la idea de vivir en pensiones y albergues juveniles y es por esto que decidieron arrendar un pequeño departamento en el barrio latino de la capital francesa.

Una vez que terminaban las clases de francés, dedicaban toda la tarde a conocer hasta los más recónditos lugares de la ciudad y por la noche al llegar al departamento, compartían una cena y no paraban de hablar hasta que el sueño los vencía. Es en estas conversaciones, cuando Holmes empezó a interesarse por la cultura taiwanesa.

Robert estaba tan entusiasmado por conocer los orígenes de Jin, que la idea de viajar a Taiwán llegó a convertirse en una obsesión. Pasaba tardas enteras viendo imágenes y leyendo historias de este lugar en la biblioteca de su barrio, hasta que un día Jin le contó que lamentablemente debía irse de París, porque la extensión de su visa había sido rechazada. Robert no lo pensó dos veces y comenzó a hacer sus maletas.

Eran las 15:00 hrs y se encontraban en el aeropuerto Orly de París. Holmes no se explicaba su excesivo nerviosismo; quizás este sería solo un anticipo de lo que estaba por venir; el comienzo algo inesperado.

Mientras volaban, Jin se encargó de empapar a su amigo de todas las tradiciones y datos imprescindibles para cualquiera que visitara su país. Mientras lo hacía, el rostro de Robert reflejaba una gran admiración, lo que llenaba de orgullo a Jin.

Al día siguiente, las ruedas del avión se posaron sobre la tierra de Jin y el corazón de Robert parecía explotar. Sus pasos parecían una eternidad y de pronto se abre una gran puerta. Al abrirse, un mar de gente esperaba en el lugar y caminaron juntos hasta la cafetería donde los esperaría la hermana de Jin.

Llegaron al lugar y Robert se detuvo sin razón; su rostro se encontraba atónito y sus ojos brillaron como nunca antes. Jin no entendía lo que ocurría y su amigo le confesó que estaba experimentando una sensación increíble; se había enamorado a primera vista de una mujer. Por esas coincidencias de la vida, la mujer era Selin, la hermana de Jin.


Selin era una prestigiosa profesora de física de la Universidad de Taipei y estaba a cargo de una gran investigación. Era muy conservadora, pero mágicamente sintió lo mismo por Robert desde el primer día en que lo vio y de a poco se fue forjando entre ellos una fuerte relación.

Robert ya tenía 26 años y aún no se interesaba por ninguna carrera, pero comenzó a interesarse cada vez más por la física gracias a la influencia de Selina. Ella lo integró al mundo de los números, hasta que este se convirtió en la nueva obsesión de Robert. Nunca imaginó que este sería su camino y menos que se convertiría en un genio de la física.

En tan solo unos meses, ya había logrado establecer teorías que se enseñaban en todas las aulas y su reconocimiento era a nivel mundial. Robert Holmes ganó el premio novel de física en 1990 y actualmente junto a su mujer están preparando una investigación que causará revolución en el mundo entero.

miércoles, 4 de abril de 2007

Las letras del deporte



Confieso no ser una gran lectora de los columnistas de nuestra prensa escrita, pero debo destacar la labor de uno de ellos, por considerar que posee las herramientas suficientes para escribir artículos de gran calidad e interés. Su nombre es: Felipe Bianchi.

Desde sus inicios, este personaje ha sobresalido frente a sus pares llegando incluso a ser el director más jóven (29 años) del diario El Mercurio en “Zona de Contacto". También fue director de la revista “Rolling Stones” Chile y “El Gráfico" Chile. En televisión fue conductor del programa de Mega “Caiga quien Caiga”, para luego fichar en Chilevisión, donde animó el programa “La Ultima Tentación”. Posteriormente encabezó otras secciones de El Mercurio, tales como, Espectáculos y Cultura, hasta llegar a su actual nicho: el deporte. En la actualidad también es director del área deportes de Chilevisión y uno de los conductores de "Levántate y Anda" en emisora Radioactiva.

A mi parecer Bianchi es uno de los grandes columnistas deportivos. A pesar de escribir en el periódico nacional más conservador del país, ha sido capaz de interponer su estilo irónico e irreverente. Este tono que le da a sus columnas, las hace muy sabrosas y llamativas. Además posee un gran manejo al momento de titular, lo cual es muy importante para captar mayor atención.

Por lo general basa sus escritos en una comparación de los hechos del pasado y la actualidad, como por ejemplo, la última columna publicada el pasado martes 3 de Abril, en donde basándose en la nostalgia de la selección de fútbol de 1973, hace una comparación de los equipos puesto por puesto, pasando por todos los nombres. Quizás no sea muy bien vista la dureza con que muchas veces critica nuestro medio, sin embargo, en comparación a otros columnistas netamente de fútbol de ese diario, como Juan Cristóbal Guarello, Bianchi tiene una postura más respetada y siempre dentro de sus críticas expresa una solución al problema del cual esta escribiendo.

Destaco las ocasiones en que ha tenido la osadía de manifestar abiertamente su postura respecto a la labor que ejercen los dirigentes deportivos de nuestro país, pero más valorable aún, es que pese a la dureza de sus opiniones, nunca cae en la falta de respeto y en el ataque sin fundamentos, que es justamente a lo que nos tienen acostumbrados los periodistas deportivos en Chile.

Por lo visto son varios factores los que hacen de Bianchi un muy buen columnista, pero falta detallar que da mucho gusto leer a una persona que sabe del tema que escribe, lo maneja a su antojo y que es capaz de poner los temas en la agenda mediante su punto de vista.

Sus cualidades al momento de escribir realmente se agradecen, sobre todo yo, que no estoy muy al día con el acontecer deportivo, pero que al seguir esta columna voy aprendiendo de la historia de nuestro deporte y viendo poco a poco las falencias y las soluciones que podrían implementarse para llegar a mejorar la actividad deportiva de Chile.