
La incomprensión de su entorno, acompañó siempre a Robert Holmes. Nunca supo lo que quería, no se satisfacía con nada y sus padres lo recriminaban constantemente por vivir encerrado en su propio mundo. Tampoco fue un alumno destacado durante sus años de escuela, pero si hay algo claro en la vida de este hombre, es que no quería vivir la rutina de la vida norteamericana para siempre. Esto último, fue la clave para descubrir el rumbo de su vida.
El 15 de febrero de 1970 partió rumbo a Francia, sin saber una gota de francés. Se vio obligado a aprender el idioma para poder subsistir económicamente y trabajó como mesero, obrero de la construcción y guardia de seguridad. De los estudios, aún no se hablaba…
Dos meses más tarde ingresó a un curso de francés y conoció a quien sería su “iluminador”; su gran amigo Jin Wu. Este taiwanés era un recién egresado estudiante de turismo que en ese entonces realizaba un magíster en la Universidad de París.
Robert jamás imaginó entablar una relación de amistad con un oriental, es más, siempre se burló de sus apariencias y costumbres, pero el destino hizo que cambiara radicalmente de opinión.
A ambos les desagradaba la idea de vivir en pensiones y albergues juveniles y es por esto que decidieron arrendar un pequeño departamento en el barrio latino de la capital francesa.
Una vez que terminaban las clases de francés, dedicaban toda la tarde a conocer hasta los más recónditos lugares de la ciudad y por la noche al llegar al departamento, compartían una cena y no paraban de hablar hasta que el sueño los vencía. Es en estas conversaciones, cuando Holmes empezó a interesarse por la cultura taiwanesa.
Robert estaba tan entusiasmado por conocer los orígenes de Jin, que la idea de viajar a Taiwán llegó a convertirse en una obsesión. Pasaba tardas enteras viendo imágenes y leyendo historias de este lugar en la biblioteca de su barrio, hasta que un día Jin le contó que lamentablemente debía irse de París, porque la extensión de su visa había sido rechazada. Robert no lo pensó dos veces y comenzó a hacer sus maletas.
Eran las 15:00 hrs y se encontraban en el aeropuerto Orly de París. Holmes no se explicaba su excesivo nerviosismo; quizás este sería solo un anticipo de lo que estaba por venir; el comienzo algo inesperado.
Mientras volaban, Jin se encargó de empapar a su amigo de todas las tradiciones y datos imprescindibles para cualquiera que visitara su país. Mientras lo hacía, el rostro de Robert reflejaba una gran admiración, lo que llenaba de orgullo a Jin.
Al día siguiente, las ruedas del avión se posaron sobre la tierra de Jin y el corazón de Robert parecía explotar. Sus pasos parecían una eternidad y de pronto se abre una gran puerta. Al abrirse, un mar de gente esperaba en el lugar y caminaron juntos hasta la cafetería donde los esperaría la hermana de Jin.
Llegaron al lugar y Robert se detuvo sin razón; su rostro se encontraba atónito y sus ojos brillaron como nunca antes. Jin no entendía lo que ocurría y su amigo le confesó que estaba experimentando una sensación increíble; se había enamorado a primera vista de una mujer. Por esas coincidencias de la vida, la mujer era Selin, la hermana de Jin.
Selin era una prestigiosa profesora de física de la Universidad de Taipei y estaba a cargo de una gran investigación. Era muy conservadora, pero mágicamente sintió lo mismo por Robert desde el primer día en que lo vio y de a poco se fue forjando entre ellos una fuerte relación.
Robert ya tenía 26 años y aún no se interesaba por ninguna carrera, pero comenzó a interesarse cada vez más por la física gracias a la influencia de Selina. Ella lo integró al mundo de los números, hasta que este se convirtió en la nueva obsesión de Robert. Nunca imaginó que este sería su camino y menos que se convertiría en un genio de la física.
En tan solo unos meses, ya había logrado establecer teorías que se enseñaban en todas las aulas y su reconocimiento era a nivel mundial. Robert Holmes ganó el premio novel de física en 1990 y actualmente junto a su mujer están preparando una investigación que causará revolución en el mundo entero.
El 15 de febrero de 1970 partió rumbo a Francia, sin saber una gota de francés. Se vio obligado a aprender el idioma para poder subsistir económicamente y trabajó como mesero, obrero de la construcción y guardia de seguridad. De los estudios, aún no se hablaba…
Dos meses más tarde ingresó a un curso de francés y conoció a quien sería su “iluminador”; su gran amigo Jin Wu. Este taiwanés era un recién egresado estudiante de turismo que en ese entonces realizaba un magíster en la Universidad de París.
Robert jamás imaginó entablar una relación de amistad con un oriental, es más, siempre se burló de sus apariencias y costumbres, pero el destino hizo que cambiara radicalmente de opinión.
A ambos les desagradaba la idea de vivir en pensiones y albergues juveniles y es por esto que decidieron arrendar un pequeño departamento en el barrio latino de la capital francesa.
Una vez que terminaban las clases de francés, dedicaban toda la tarde a conocer hasta los más recónditos lugares de la ciudad y por la noche al llegar al departamento, compartían una cena y no paraban de hablar hasta que el sueño los vencía. Es en estas conversaciones, cuando Holmes empezó a interesarse por la cultura taiwanesa.
Robert estaba tan entusiasmado por conocer los orígenes de Jin, que la idea de viajar a Taiwán llegó a convertirse en una obsesión. Pasaba tardas enteras viendo imágenes y leyendo historias de este lugar en la biblioteca de su barrio, hasta que un día Jin le contó que lamentablemente debía irse de París, porque la extensión de su visa había sido rechazada. Robert no lo pensó dos veces y comenzó a hacer sus maletas.
Eran las 15:00 hrs y se encontraban en el aeropuerto Orly de París. Holmes no se explicaba su excesivo nerviosismo; quizás este sería solo un anticipo de lo que estaba por venir; el comienzo algo inesperado.
Mientras volaban, Jin se encargó de empapar a su amigo de todas las tradiciones y datos imprescindibles para cualquiera que visitara su país. Mientras lo hacía, el rostro de Robert reflejaba una gran admiración, lo que llenaba de orgullo a Jin.
Al día siguiente, las ruedas del avión se posaron sobre la tierra de Jin y el corazón de Robert parecía explotar. Sus pasos parecían una eternidad y de pronto se abre una gran puerta. Al abrirse, un mar de gente esperaba en el lugar y caminaron juntos hasta la cafetería donde los esperaría la hermana de Jin.
Llegaron al lugar y Robert se detuvo sin razón; su rostro se encontraba atónito y sus ojos brillaron como nunca antes. Jin no entendía lo que ocurría y su amigo le confesó que estaba experimentando una sensación increíble; se había enamorado a primera vista de una mujer. Por esas coincidencias de la vida, la mujer era Selin, la hermana de Jin.
Selin era una prestigiosa profesora de física de la Universidad de Taipei y estaba a cargo de una gran investigación. Era muy conservadora, pero mágicamente sintió lo mismo por Robert desde el primer día en que lo vio y de a poco se fue forjando entre ellos una fuerte relación.
Robert ya tenía 26 años y aún no se interesaba por ninguna carrera, pero comenzó a interesarse cada vez más por la física gracias a la influencia de Selina. Ella lo integró al mundo de los números, hasta que este se convirtió en la nueva obsesión de Robert. Nunca imaginó que este sería su camino y menos que se convertiría en un genio de la física.
En tan solo unos meses, ya había logrado establecer teorías que se enseñaban en todas las aulas y su reconocimiento era a nivel mundial. Robert Holmes ganó el premio novel de física en 1990 y actualmente junto a su mujer están preparando una investigación que causará revolución en el mundo entero.
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